El anuncio


 

 

En el camino del autobús a mi casa hay un semáforo. Es un semáforo casi inútil, situado demasiado lejos para cualquier peatón que por ahí deambule, el cual cruzará la vía cruzando los dedos, y demasiado cerca del anterior semáforo, por lo que sólo parpadean sus luces ámbar. Hoy este semáforo quiso ser, al fin, utilizado. Alguien le había colocado un cartelito, de esos hechos con el Word y letra Times New Roman, con el afán sensato de dar a conocer lo que aquí sigue:

 

Se busca alguna chica para amistad. Sólo amistad. Al menos nada más busco. No huyo del sexo, tampoco de los hombres, tan sólo quiero una mujer que me saque el lado tierno que me cuesta mostrar, mi lado amable, mi mejor y más oculta cara.

 

Luego, escrito en vertical, se repetían varios números de siete cifras, unidos al nombre Darío26, recortados de tal manera que quien estuviera interesado en el anuncio recogiera un fragmento para saber dónde acudir.

 

Y estaban allí todos. Nadie había arrancado ninguno.

 

 

 

 

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