Spableck y la Princesa de Monicaco III


 

CAPÍTULO III

 

 

 

Poco después de empezar a perseguirlos, Shpableck no pudo dejar de darse cuenta de que no tenía nada que hacer ante tales competidores. Había perdido.

 

Volvió al lao de Monicaco

mirando al suelo, ojos bajos.

– No cacé ningún conejo.

 Pa compensar pueo besarte er pellejo.

– ¿Qué dices tú? ¡Insensato!

Eres un bicho y youn pivón ¿o estás cegato?

– Veo, pero to mi cuerpo es grande,

tanto el tripón como el glande.

Tengo dos mil cosas malas,

soy mu feo y welo a ratas,

pero aquellas que son buenas,

digo yo que sí compensan.

Moni no está del todo satisfecha.

– Anda, rubita, no te magas la estrecha.

– ¿Rubia? ¡Serás ogro daltónico!

– Lo que yo estoy es atónito

por palpar ese culete.

¡Ay! ¡Sigue así, Shpablete!

Y pasó lo que pasara,

aquí nuestras cámaras no filmaban,

censuradas por bizarro,

sexo puro y sexo guarro.

Y es que el follar de un ogro apestoso

con una princés no es decoroso.

Mas ninguno quiso parar,

mientras las estrellas comenzaron a brillar.

La noche había llegado

y medio de la nada les había pillado.

Después de treinta y dos casquetes hubo que descansar, 

pensaron en un sitio donde poder acampar.

Después de tanto intercambio de fluido

algo más que el sexo bestia les había unido,

ella estaba medio ogra, toda sucia y cochambrosa

y él medio príncipe, de tez clara y más fermosa.

-¡Vaya! Ahora serás Shpableck de Beckelar

– Menos cachondeo, que la vamos a liar.

-Qué wapo tas, es como er cuento de la rana.

– Que va, lo que pasa es que follal quita canas,

y de tan tanto magreo tas quedao mu relajada

y ahora miras tol conjunto con buena cara.

– Será, será, pero aún tengo ganotas…

– Pues dame un beso en las…        mejillas

Que no rima,  poemillas!

– ¡Pues dame el muerdo en las pelotas!

– Si las tienes escocías.

– Pues un masaje y te olvidas.

– Te lo daré con cariño.

Oye ¿y si tuviéramos un niño?

– No te pases floritura,

vivamos nuestra aventura

y lo que venga, veremos.

Mejor madera toquemos.

– Lo que dices es sensato…

¿nos follamos otro rato?

-Ahí te quería yo ver,

¿qué postura es esta vez?

– La que quieras colibrí.

¡Ay, el día que te conocí!

– Pos fue ayer, mi damisela.

– No cenamos, si recuerdas.

– Relativo, tus reglotes malimentan

¿es que mi semen no llena?

No te preocupes, princesa,

que tengo perritos en la despensa.

– Cocinero, qué completo.

– Tago un perro y te la meto.

– Ummm, cada vez me gustas más.

– Pues esto princesa sólo acaba de empezar…

 

 

 

 

P.D.: esto se está empezando a desmadrar… habrá cuarta parte???

 

 

2 comentarios to “Spableck y la Princesa de Monicaco III”

  1. Mmmmmmm… yo por si acaso compraré palomitas para lo prózima parte. Ahora no nos puedes dejar así… al menos no hasta que convivan bajo el mismo techo y ella lo haga dormir en el suelo.
    Q grandote eres Pablete.
    Muchos besotes voladores que lleguen hasta tí.
     
    Deja las preocupaciones para los 50, ahora, solo restan horas de sueño, y eso no e bueno.
     
     

  2. Mmmm… si esto continua, no se como puede acabar… aunq creo q seria genial ver al ogro durmiendo en el pso ocmo dice Iri…
    No hay vergüenzas ni obligaciones, solo gusto por venir… y si hay halagos, es porq lo mereces…
    Besos, niño dulce!!!

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