Cuento


Was upon a time que yacía la princesa de Monicaco en un lecho blanco blanco dentro de una mazmorra oscura oscura. Yacía porque ya hacía largo tiempo que su salvador el príncipe no llegaba y se había aburrido de esperar sentada.

La princesita, a la cual llamaban “la ninia de las manos brancas” en Kadishe, “el nubarrón de intensidad ojística” en Pablelia y “beleça condensada que embelesa” en Todasparts, dudaba ya, entre sueño y sueño, de que alguien viniera alguna vez a rescatarla. Por ello dormitaba, y en los tiempos de vigilia rememoraba melancólicamente a aquellos hombretones que hacen sport en los spots y luego… luego nada más.

Entonces un día, de esos en los que el sol brilla y brilla y brilla y el mundo gira y gira y gira, Shpablek se levantó en su ciénaga más contento que unas castañuelas. Se lavo los sobaquillos con lodo del Carrefour y los dientes con la escoba. Luego bajó a la rúa a ver qué tal andaba el mundo. Sencontró con uno que era mu majo y no paraba de hablar, aunque era un poco burro. Éste le puso al día de todas las ofertas de trabajo que había leído (y declinado, pues burro pero no tonto) en el periódico. El probe de Shpablek necesitaba un currete, pues se le había acabado ya el subsidio del paro y a los espaguetis les tenían que echar piedras y guijarros para que tuvieran algo de consistencia. Shpablek se hizo con varios teléfonos y se propuso llamarlos. Sacó su móvil Alcatraz segundo modelo, que pesaba únicamente trescientos gramos por botón, y marcó el número que presidía la lista. Seguidamente sólo pudo escuchar la irritante voz de una señorita comunicándole el pesar de Movisytal por no dejarle telefonear sin saldo. Así que pensó que su sino era oscuro como un ojete, las intenciones del Tarek o esa roña que se queda debajo de las uñas. Tristemente caminó sin un rumbo prefijado y tras un ratejo andando con la cabeza gacha encontró en el suelo un papel que sin duda se habría despegado de alguna farola. En él ponía que la perrita Raya había parido ocho cachorritos preciosos de todas las formas y colores y preguntaba a todo aquel que leyera el susodicho cartelito si quería hacerse cargo de alguno. Inmediatamente Shpablek se dio cuenta de que sí que los quería, uno al pil-pil, otro en su jugo, uno más con bechamel… Con esto tendría para ir tirando una semana. Entonces anotó la dirección, rúa da alegría, y se puso a caminar. Como él era de Mandril y la mencionada rúa sencontraba en Lisanaconda, le tocó patear un ratejo, pero como Shpablek camina ligero, se plantó allí en tan sólo veinte minutillos, día más, día menos. Se hizo con los perros, tan monos ellos, los metió en los bolsillos y, casi babeando al imaginar los exquisitos bocatas que se iba a zampar, meneó su verde culo de vuelta a casa.

A mitad del caminó, Shpablek cayó en la cuenta de que se había perdido. Al ir distraído con los cachorritos y sus sabrosos jamones había tomado calles que desconocía. Así que hizo lo que cualquiera hubiera hecho en su lugar: se puso a llorar. Cuando se le pasó el berrinche, decidió caminar to recto, siguiendo la estrella polar, como en las películas. Como no sabía cual era la polar, siguió una, aquella que le pareció la más fría de todas. Al rato se había perdido aún más, lógicamente. Entonces decidió acampar allí, en medio de la nada y saborear uno de los ocho bocados delicatessen que se había apropiado. Buscó ramas para encender un fuego. Luego buscó fuego para encender el fuego. Como no tenía le tocó rememorar su microetapa como bollescaut, que consistió, básicamente, en que su ma le llevara al centro cultural del barrio para apuntarle, a la par que otro mocoso le decía: “Ogro de mielda” y él declinaba, en consecuencia, volver por los siglos de los siglos, amén.

Mientras Shpablek rememoraba este turbio asunto le llegó a la consciencia otra reminiscencia del pasado: los antiguos hacían fuego con yesca y pedernal. Como el probe infeliz no sabía que era lo uno ni lo otro, decidió buscar dos piedras y a tomar por saco. Tan contento por su determinación, Spablek se alejó otro tanto más y mientras buscaba piedras incluso debajo de las piedras escucho un ligerísimo suspiro. Tenue, tenue, suave, suave, como la sutil fragancia de sus pies. Esto le desconcertó y le produjo curiosidad, tanta que decidió indagar un rato. Siguiendo el rastro de suspiros, que quedaban suspendidos en el aire, llegó hasta una alta torre. Él, desde abajo, pudo vislumbrar un atisbo de luz que se escapaba por los barrotes de la almena superior, la cual distaba al menos treinta metros o doscientos del suelo. Con la audacia de los más audaces, Shpablek escaló quince pies de muro. Luego veinte. Treinta. Y al fin llegó. Como era ogro era feo, pero también era fuerte y con sus enormes bíceps separó los barrotes metálicos y se introdujo en la estancia. Era una habitación-mazmorra decorada en colores tierra, débilmente iluminada por una vela. En ella sólo destacaba un lecho blanco blanco en el que un velo de gasa protegía de los bichos a una damisela yaciente, que a ratos suspiraba. Shpablek sacercó, picado por la curiosidad y picado por un piojo, y casi temeroso de lo que podía encontrar, descubrió el velo traslúcido. Entonces un halo de belleza le golpeó en el rostro. Luego le golpeo la dueña de tal belleza, que se había llevado “El susto” al despertar y ver el horrible y desfigurado cabezón de un ogro verde y ligeramente apestoso.

            – No os asusteis, mileidi, no he venido a haceros daño.

            – ¿Ah no? Eso me tranquiliza.

            – ¿Erais vos la que suspirais?

            – Hombre, si consiguiera bajar deste torreón sí que me gustaría, sí.

            – Entonces yo os bajaré.

Pero la damisela, realmente la princesa de Monicaco, dudó. ¿No sería una estratagema del astuto ogro para raptarla por su cuenta? ¿Querría llevársela al huerto y luego desayunársela? Significaba la libertad, pero también podía significar la muerte. Y entre estas dudas vio como asomaba la cabeza de un cachorrito por el bolsillo. Entonces ya no dudó. Sólo un buen ogro de buen corazón podría tener un perrito tan mono en el bolsillo sin habérselo comido, pues por todos es sabido que los ogros disfrutan como niños zampando cachorros (bueno, y niños también). Además, recordó sus estudios en la universidad, donde le contaron que los ogros son como las cebollas y que, aunque por fuera son feos y malolientes, más hacia el corazón son tiernos.

                                    – Entonces ¿qué decís, mileidi?

                                    –  Nada de mileidi, princesita de Monicaco.

                                    – Bueno ¿pues que decidisteis, princesita?

                                    – Ummmm…

                                    – ¿Minvitas a un café?

                                    – Bueno, si me lo pides así… Cuando bajemos.

                                   – Pues vamos.

                                   – Oye, por cierto, esos cachorritos…

                                   –  Er… ¡Son mis mascotas!

                                   – ¡Ah! Lo decía porque al pil-pil dicen que son una delicia

                                   –  Aisssss, creo que nos vamos a llevar bien.

             …

             …

 

 

FIN

 

 

5 comentarios to “Cuento”

  1. pablooou taburres a lot jeje, te recomendaria ke no intentases ocultar autobioografiaas con la histrois de un ogro, jiji.

  2. Jajajajaja!!! Molto bene Pablete. Voy a proponer que lo lleven a la gran pantalla, donde quepa su enorme culo, que no lo has nombrado. Ejem.¿Y tú que te fumas??? Porque sea lo que sea lo que te da la inspiración, el día 1… eso.Ni papel, ni tabaco, ni na de na…A comerse tos las uñas pensando que podrá salir de tu cabecita en esa situación…¿Vuelves a los Madriles? Me voy a Galicia. Por si acaso: Feliz Navidad Pablet!!!Un beso (soso) te.Que noooooooooooo, un beso la mar de salao!

  3. ajjajaj mmm aisss jajajajajjajaja.había visto el ingenio en tus comics.pero… esto no hay por donde cogerlo( digo de bueno)Ahora entiendes porque temetí presión con lo d la monacaco. Megusta tanto que he tenido que llamar a mana para que lo leyese.aisssssss mmm ajajjajaja aiss ajajajjaaj.¿ la princesa suspiraba y decía entre dientes" joder, porque mabrá tocao a mi"?Quiero derechos de imagen por lo del piojo, que sepas que no muerden, succionan sangre.ojojojojjoojojxxxx

  4. me ha gustado mucho que te pasaras a los cuentos, acho que este tiene parte de todo lo bueno y malo que te caracteriza cuando pienso en ti como persona… jejejeesos puntos guarrillos son autènticos e inconfundibles!!!! me encantan!creia que los cachorritos te despertaban un lado tierno pero en realidad era la gula lo que se escondìa bajo tu mirada… que engaño!! si la fama no viene sola!beijinhos

  5. niñooooooooo… Feliz Navidad.Me marcho pa la Galiza ya!!! Por fiiiiiiiiiin!jejejeje…Espero que pases unas buenas fiestas y papa noel se comporte contigo, que lo mereces.Cuidate, un besazo.

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